

Es un hombre el que mejor sabe de mí;
siente y se para al borde del acantilado
y es él la sombra en la oscuridad.
Ha visto lo que yo vi y
entiende como yo.
Sobre mi pecho, sus talones de pecho inflado
no por comodidad consigo mismo
sino por nadas muy, muy hondas.
A sus pies, un mar vive:
es la gente que de empresas, vidas y amores
llena sus días.
El negro (él, negro), el vacío (él, ¡vicio!) que se dobla,
dobla de ver y volver a ver, lo que nadie más podría hacer.
Y la canción persiste.
Y se burlan de mí.
en la escuela me dicen dientudo.
-Bueno hijito, no les hagas caso, pero ahora cerrame la boca,
que me rayás el piso recién encerado con la cera a base del hígado de la abuelita,
que la javie ya se está pudriendo en el cajón, allá atrás).
Yo también puedo ser suave, ¿saben?
















